
La reciente gira de Marco Rubio en América Latina (Colombia, Ecuador y Perú) dejó algo más que acuerdos contra el narcotráfico: Washington está reforzando su presencia política, militar y económica en la región.
Esta gira puso nuevamente sobre la mesa una vieja pregunta: ¿hasta dónde llega la cooperación de Estados Unidos con la región y dónde comienza una nueva etapa de dependencia?
Leer Mas: Marco Rubio en América Latina: ¿seguridad o nueva dependencia de Washington?Entre el 8 y el 10 de septiembre, el secretario de Estado estadounidense visitó Colombia, Ecuador y Perú. El discurso oficial estuvo centrado en seguridad, narcotráfico, migración, comercio y cooperación regional. Pero los acuerdos alcanzados y las decisiones anunciadas después del viaje, muestran una agenda más amplia.
Washington está colocando al hemisferio occidental nuevamente en el centro de su política exterior. Y esta vez, no se trata solamente de una declaración política.
La Doctrina Monroe vuelve al centro de la estrategia de EE.UU.
En diciembre de 2025, la Casa Blanca anunció explícitamente un nuevo “Trump Corollary” a la Doctrina Monroe. La Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense sostiene que Washington buscará reforzar su predominio en el hemisferio occidental y evitar que potencias externas tengan posiciones militares o controlen activos estratégicos en la región.
La estrategia identifica como supuestas prioridades: el control de la migración, la lucha contra los cárteles y el narcotráfico, la protección de cadenas de suministro y el acceso a lugares considerados estratégicos.
El documento también plantea una política de “enlistar y expandir”: trabajar con gobiernos aliados y ampliar la red de socios estadounidenses en el hemisferio.
En otras palabras, América Latina vuelve a ocupar un lugar central en la planificación estratégica de Washington.
Marco Rubio en América Latina: seguridad como punto de entrada
La gira de Rubio encaja directamente en esa nueva política. En Ecuador, el secretario de Estado anunció que buscaría 45 millones de dólares adicionales para apoyar operaciones contra el narcotráfico, además de cooperación marítima y medidas contra la minería ilegal y las finanzas de las organizaciones criminales. Estados Unidos también designó a la organización criminal ecuatoriana Los Tiguerones como organización terrorista extranjera.
En Perú, la visita produjo otro resultado significativo: el gobierno de Keiko Fujimori anunció la incorporación del país al Escudo de las Américas, una iniciativa impulsada por Washington para coordinar inteligencia y operaciones contra organizaciones criminales transnacionales. Rubio presentó estas iniciativas como cooperación para enfrentar amenazas comunes.
Pero existe una segunda dimensión. Cuando la cooperación en seguridad incorpora inteligencia, entrenamiento, equipamiento militar, operaciones conjuntas y acuerdos estratégicos, también aumenta la presencia y capacidad de influencia de Washington sobre las decisiones de los países participantes. Ahí aparece el debate que va más allá del narcotráfico.
El “Escudo de las Américas” y la nueva arquitectura regional
El concepto no nació con la gira de Rubio. El gobierno de Donald Trump ya había organizado en marzo de 2026 la Cumbre del Escudo de las Américas en Miami, con la participación de gobiernos de la región y una agenda centrada en seguridad y lucha contra el crimen organizado. Ahora, esa iniciativa comienza a adquirir una dimensión más concreta.
Colombia, Ecuador y Perú se encuentran entre los países que Washington busca incorporar con mayor fuerza a esta arquitectura de seguridad. El argumento estadounidense es directo: los carteles, el narcotráfico, la migración irregular y otras amenazas transnacionales requieren una respuesta coordinada.
El punto de discusión es otro: ¿esa coordinación fortalece la capacidad de los países latinoamericanos o aumenta su dependencia de Estados Unidos?
La respuesta dependerá de cómo se desarrollen los acuerdos y de cuánto control conserve cada gobierno sobre sus propias decisiones.
Marco Rubio en América Latina: la ruta del dinero
Un dato ocurrido inmediatamente después de la gira ayuda a entender la dimensión estratégica del proceso. Estados Unidos anunció la redistribución de 52 millones de dólares en ayuda militar, retirándolos de determinados países de Europa y Oriente Medio para destinarlos a países de América Latina, entre ellos Colombia, Ecuador, Perú y Panamá.
La decisión fue presentada como parte de la prioridad que la administración Trump está dando al hemisferio occidental.
El movimiento resulta significativo porque muestra que el cambio no está ocurriendo solamente en los discursos. También está reflejándose en la asignación de recursos militares. Washington está destinando más atención, dinero y capacidades a una región que durante años no ocupó el mismo nivel de prioridad dentro de su política exterior.
China también está en el cálculo
Detrás de esta estrategia existe otro factor: China. Durante las últimas dos décadas, Beijing ha aumentado su presencia comercial, financiera y de infraestructura en América Latina. Perú es un ejemplo particularmente visible. El puerto de Chancay y el crecimiento de las relaciones comerciales entre ambos países han convertido al país sudamericano, en un punto importante dentro de la competencia económica entre Washington y Beijing. Reuters señaló que el comercio de Perú con China creció con fuerza durante la primera mitad de 2026 y superó al intercambio con Estados Unidos en ese período.
Por eso la nueva política estadounidense no puede analizarse únicamente desde la lucha contra el narcotráfico. También forma parte de una disputa por rutas comerciales, infraestructura, tecnología, recursos estratégicos y alianzas políticas. La propia estrategia de seguridad estadounidense establece que Washington pretende impedir que competidores externos controlen activos estratégicos en el hemisferio.
América Latina vuelve a ser un tablero estratégico
Durante décadas, buena parte de América Latina intentó diversificar sus relaciones internacionales. China se convirtió en un socio comercial importante. Rusia amplió algunos vínculos políticos y energéticos. India incrementó su presencia económica. Otros países buscaron fortalecer mecanismos regionales y relaciones con distintas potencias.
La nueva política estadounidense intenta modificar ese escenario. Washington no está planteando solamente una relación bilateral con cada país. Está construyendo una arquitectura hemisférica de seguridad, con Estados Unidos en el centro.
La pregunta para América Latina es: qué espacio quedará para sus propios intereses dentro de esa arquitectura.
Cooperar sí, depender no es lo mismo
La lucha contra el narcotráfico constituye un problema real para varios países latinoamericanos. También lo son el crimen organizado, el tráfico de armas, la migración irregular y el control de las rutas marítimas. La cooperación internacional puede ser necesaria para enfrentarlos. Pero cooperación y dependencia no significan lo mismo.
La experiencia histórica latinoamericana demuestra que las relaciones con Washington han pasado por etapas muy diferentes: desde alianzas y acuerdos económicos hasta intervenciones, golpes de Estado, operaciones de inteligencia y conflictos alrededor de la soberanía nacional. Por eso, el debate actual no debería reducirse a estar “a favor” o “en contra” de Estados Unidos. La pregunta más importante es otra:
¿Quién define las prioridades de seguridad de América Latina y quién controla las decisiones cuando los intereses de Washington y los de un gobierno latinoamericano dejan de coincidir?
Marco Rubio en América Latina: la nueva etapa apenas comienza
La gira de Marco Rubio no significa por sí sola que América Latina haya regresado al escenario de la Guerra Fría. Pero sí confirma un cambio importante en la política exterior estadounidense. Washington ha colocado nuevamente al hemisferio occidental entre sus principales prioridades estratégicas. La nueva Estrategia de Seguridad Nacional lo establece expresamente y las decisiones tomadas durante 2026 muestran que esa orientación está pasando del documento a la práctica.
El aumento de la cooperación militar, la expansión del Escudo de las Américas, la reasignación de recursos y la creciente preocupación por la presencia de China forman parte de un mismo escenario. Para América Latina, el desafío será mantener la cooperación necesaria para enfrentar problemas comunes sin convertir esa cooperación en una pérdida de autonomía. Lo cual cada vez está más alejada de la realidad que hoy viven los pueblos de esos gobiernos.
Porque una cosa es combatir juntos el crimen organizado y otra muy diferente, es aceptar que alguien más decida cuáles deben ser las prioridades, las alianzas y los límites de la política exterior de toda una región.
La pregunta que queda sobre el escritorio
La nueva política de Washington supuestamente puede traer más recursos para seguridad, inteligencia y lucha contra el narcotráfico. Sin embargo, también puede profundizar una relación asimétrica en la que Estados Unidos posee una capacidad económica y militar muy superior a la de sus socios latinoamericanos.
Por eso, más que preguntarse si Rubio llegó a América Latina para “ayudar” o para “controlar”, conviene mirar los hechos.
- Más dinero militar.
- Más cooperación de seguridad.
- Más coordinación regional.
- Más presión para limitar la presencia de potencias externas.
- Y una estrategia estadounidense que vuelve a definir al hemisferio occidental como el patio trasero.
La historia latinoamericana ya conoce las consecuencias de una región organizada alrededor de los intereses de la potencia norteña.
La discusión ahora es si esta nueva arquitectura hemisférica será una asociación entre países soberanos o el regreso, con un lenguaje actualizado, de una vieja relación de dependencia. La pregunta que resta es:
¿Podrán los pueblos de estos gobiernos, sostener esta dependencia con Estados Unidos? o nuevamente tendremos revoluciones sociales en América Latina, para rescatar lo que la izquierda se dejó arrebatar.
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