
Palm Beach, Florida. 10 de mayo de 2026. En una lujosa residencia frente al océano Atlántico, se celebró un encuentro que sus participantes describieron como: “un honor” y “una muestra de amistad con Honduras”. Lo que no mencionaron es que esa residencia la allanó el FBI apenas tres años antes. Tampoco hicieron alusión a que cinco días antes del encuentro, el anfitrión realizó donaciones políticas por $200,000 dólares al Partido Republicano. En ese monto se incluyeron $107,000 directamente a la campaña de la invitada de honor, María Elvira Salazar (R-FL). Pero eso, claro está, debió ser una coincidencia.
Leer Mas: Salazar: la democracia en subasta. ¿Cómo $200,000 USD compraron su acceso?La congresista republicana visitó la mansión del empresario hondureño Lenir Alexander Pérez Solís, en lo que ambos describieron como un encuentro para “agradecer el firme apoyo a la democracia hondureña”. Pérez publicó en su cuenta de X:
“Fue un honor dar la bienvenida a la rep. Salazar a mi hogar en Palm Beach. Quería agradecerle personalmente su firme apoyo a la democracia hondureña. Ella es una verdadera amiga de Honduras”.
Lo que Pérez no mencionó en su publicación —aunque los registros públicos de la Federal Election Commission (FEC) lo documentan meticulosamente— es que el 5 de mayo de 2026, exactamente cinco días antes de la visita, realizó en un solo día donaciones por un total de $200,000 dólares, distribuidos de la siguiente forma:
- $107,000 dólares a la campaña para la reelección de María Elvira Salazar.
- $5,000 dólares al Freedom Force PAC, comité ultraconservador que lidera la congresista.
- $88,000 dólares al National Republican Congressional Committee (NRCC).
Para poner esta generosidad en perspectiva: Abelardo De la Espriella, actual presidente de Colombia, donó un total de $95,000 dólares a campañas del Partido Republicano desde 2018. Sin embargo, Pérez donó más del doble en un solo día.
La FEC registra que el Freedom Force PAC ha recaudado $276,323 en un año, mientras que Salazar recaudó casi $2 millones para su campaña de reelección. Es evidente que las donaciones de Pérez, representaron un impulso significativo, especialmente considerando que 2026 es año electoral. Pero insistamos: la visita posterior debió ser pura coincidencia.
El anfitrión y sus “complejidades”

Lenir Alexander Pérez Solís no es cualquier empresario. Como presidente del Grupo EMCO Holding, controla un conglomerado con inversiones en minería —entre ellas, el proyecto Los Pinares, en Tocoa, Colón—, acero, energía, aeropuertos —incluida la concesión del Aeropuerto Internacional de Palmerola—, manufactura y logística.
Sin embargo, su currículum empresarial viene acompañado de un apéndice judicial considerable. Pérez Solís lo procesaron judicialmente por los delitos de explotación ilegal de recursos naturales y daños agravados al medio ambiente en el Parque Nacional Montaña de Botaderos “Carlos Escaleras”.
Su proyecto minero Los Pinares, ha estado vinculado a conflictos socioambientales que han resultado en más de 400 ambientalistas en el exilio. También lo vincularon al asesinato del ambientalista Juan López, ocurrido en septiembre de 2024, uno de varios defensores del territorio asesinados en la zona de Guapinol.
Lo identificaron como financista de la campaña del expresidente Juan Orlando Hernández, condenado por narcotráfico en Estados Unidos y absuelto por la administración Trump. Pérez Solís también donó un millón de dólares a la campaña de Nayib Bukele en El Salvador.

Pero ahí no termina la historia. En Estados Unidos, el FBI allanó su residencia en Palm Beach en 2023. La agencia federal en relación con investigaciones, lo interrogó sobre sus conexiones con la corporación siderúrgica Nucor. Sus proyectos han enfrentado escrutinio por posibles violaciones a leyes ambientales y de derechos humanos.
Pero nada de esto pareció un obstáculo para una tarde de café y conversación sobre “democracia” en Palm Beach.
Salazar y su cruzada hemisférica
Maria Elvira, la representante por el distrito 27 de Florida, ha construido su carrera política en torno a una narrativa de oposición frontal a los gobiernos de izquierda en América Latina, los que identifica como blancos frecuentes de sus discursos en el Congreso y en audiencias públicas.
Durante las elecciones hondureñas de 2025, Salazar se reunió públicamente con candidatos opositores al Partido Libre; promovió reuniones en el Subcomité de Asuntos del Hemisferio Occidental para discutir la situación de Honduras; advirtió repetidamente sobre el “peligro del socialismo” en el país centroamericano y participó en audiencias del Congreso para presionar por acciones contra el gobierno de Xiomara Castro.
Su retórica se alinea con los intereses de empresarios como Pérez, cuyos proyectos enfrentaron escrutinio y paralización durante el gobierno de Castro.
El invitado especial y el círculo que se cierra
La reunión en Palm Beach no fue un encuentro bilateral. También estuvo presente Tomás Zambrano, presidente del Congreso Nacional de Honduras, quien publicó imágenes posando con Salazar en la misma residencia.
El próximo 21 de septiembre, el Congreso Nacional de Honduras recibirá a la congresista Maria Elvira para entregarle una condecoración impulsada por el propio Tomás Zambrano.
El círculo se cierra elegantemente: Pérez dona $200,000 el 5 de mayo; Salazar visita Palm Beach el 10 de mayo; Zambrano condecora a Salazar el próximo 21 de septiembre. Y al final: todos celebran la “democracia hondureña”.
Tomás, por su parte, mantuvo una relación estrecha con sectores empresariales hondureños y lo criticaron por utilizar su posición para beneficio político personal. La condecoración a Salazar —impulsada por él mismo— representa un reconocimiento mutuo que trasciende lo diplomático para entrar en el terreno de lo transaccional.
A esto se suma la presencia de Juan Orlando Hernández en Palm Beach, quien decidió mantenerse tras las cámaras para evitar “malos entendidos”.
La conexión con el Departamento de Estado

Lenir Pérez también ha cultivado relaciones directas con el Departamento de Estado de Estados Unidos. En una publicación reciente, el empresario anunció:
“Tuve una gran reunión con Caleb Orr, en el Departamento de Estado de EE.UU. en Washington, para discutir las inversiones de EMCO. Estamos orgullosos de asociarnos con el gobierno de Asfura en la creación de empleos, la producción de energía y el desarrollo económico a través de nuestras operaciones en acero, minería y aeropuertos”.
Caleb Orr no es cualquier funcionario. Es asesor de confianza del secretario de Estado Marco Rubio desde 2015, cuando Orr comenzó a trabajar para él como senador.
Su trayectoria incluye ser asistente legislativo para Política Económica en el Senado entre 2015 y 2022; director de Proyectos hasta febrero de 2021 y asesor principal de Políticas hasta mayo de 2022.
Cuando Rubio lo confirmaron como secretario de Estado en enero de 2025, al inicio del segundo mandato de Donald Trump, Orr regresó a su lado. Lo confirmaron como subsecretario de Estado en noviembre de 2025 y recientemente lo anunciaron como el número dos de Stephen Miller en la Casa Blanca.
Orr lo describen como una “pieza clave en el diseño de la política del Departamento de Estado en minerales críticos, energía y diplomacia comercial”. Exactamente los sectores donde EMCO Holding tiene sus principales inversiones.
La coincidencia es notable. Un empresario con proyectos mineros y aeroportuarios cuestionados, tiene acceso directo al número dos del secretario de Estado. Casualmente, también es un aliado político cercano de la congresista que recibió sus donaciones.
Aunque las donaciones políticas están registradas en la FEC y son técnicamente legales, la secuencia de eventos y el contexto generan serias interrogantes éticas y legales. El Comité de Ética podría investigar a Salazar por una posible violación de las normas de conducta al crear la apariencia de un “quid pro quo” —donación, visita y apoyo político—; por un posible uso indebido de su posición para beneficio de terceros; o por cabildeo no registrado si actuó como intermediaria entre Pérez y funcionarios del Departamento de Estado.
Salazar: ¿consecuencias legales y políticas?
Las sanciones podrían incluir una amonestación pública, una multa o la expulsión de comités claves, como es el caso del Subcomité de Asuntos del Hemisferio Occidental.
Asimismo, la FEC podría investigar si Pérez, siendo hondureño, tiene estatus legal en Estados Unidos que le permita realizar donaciones; si existió coordinación ilegal entre el PAC de Salazar y Pérez; o si las donaciones fueron “reembolsadas” por terceros mediante un esquema de “straw donor”.
Por su parte, sería de interés para el Departamento de Justicia y el FBI conocer si la congresista federal sabía que la residencia de su “benefactor” había sido allanada por esa entidad en 2023; que Pérez fue interrogado por sus conexiones con Nucor; y que enfrenta procesos judiciales por corrupción y delitos ambientales en Honduras, y a pesar de ello, aceptó las donaciones.
También sería relevante conocer si intervino ante agencias federales para “ayudar” a Pérez o recibió beneficios personales a cambio de acciones oficiales. En ese caso, Salazar podría enfrentar investigaciones por corrupción, obstrucción de la justicia o conspiración.
Por su parte, el gobierno hondureño podría denunciar injerencia estadounidense; las organizaciones de derechos humanos podrían presentar denuncias ante la OEA o la ONU; y los ambientalistas exiliados podrían utilizar estos hechos en demandas internacionales o, simplemente, intentar impedir o sabotear la presencia de la legisladora en el Congreso de Honduras.
Lo cierto es que lo ocurrido con Pérez no es presentado aquí como un incidente aislado en la carrera de Salazar. La congresista desarrolla un patrón reconocible: identifica actores económicos con intereses en países que ella considera “amenazados por el socialismo”; recibe sus donaciones “legalmente registradas”; ofrece acceso y apoyo político mediante reuniones, audiencias y declaraciones públicas; utiliza su posición en el Subcomité de Asuntos del Hemisferio Occidental para presionar por políticas favorables a esos intereses; y recibe reconocimientos de los beneficiarios de sus acciones.
La democracia como mercancía
La reunión del 10 de mayo de 2026 en Palm Beach no fue un encuentro casual entre amigos. Fue, según la denuncia planteada en este artículo, la culminación visible de una transacción política: $200,000 dólares compraron acceso, atención y probablemente influencias.
María Elvira Salazar, Lenir Pérez y Tomás Zambrano pueden dormir tranquilos. Técnicamente, no violaron la ley. Las donaciones están registradas. Las reuniones son privadas, pero no ilegales. Los reconocimientos mutuos son parte de la “diplomacia parlamentaria”.
Pero la ética no es lo mismo que la legalidad y la apariencia de corrupción puede ser tan dañina, como la corrupción misma.
Mientras tanto, en Honduras, las comunidades afectadas por los proyectos de EMCO continúan su lucha. Los ambientalistas exiliados sueñan con regresar. Las familias de los asesinados intentan buscar justicia. Mientras tanto, en Palm Beach, una congresista estadounidense recibe donaciones de quien debería estar bajo investigación y no celebrado.
La democracia, al parecer, tiene precio.
Y en mayo de 2026, costó exactamente $200,000 dólares.
