
El presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, anunció que, una vez asuma el cargo el próximo 7 de agosto, su Gobierno romperá las relaciones diplomáticas con Cuba y Nicaragua. Como parte de esa decisión, también informó el cierre de la embajada colombiana en La Habana y una reestructuración más amplia del servicio exterior colombiano, que contempla el cierre de varias embajadas y consulados.
Leer Mas: Colombia y Cuba: posible ruptura de relaciones diplomáticas. ImplicacionesDe la Espriella explicó que la medida forma parte de una política de reorganización diplomática y austeridad, además de un cambio en la orientación de la política exterior colombiana respecto a los gobiernos que su administración considera incompatibles con los principios “democráticos” que promoverá.
La respuesta oficial de Cuba
La reacción de La Habana fue inmediata. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba rechazó el anuncio mediante un comunicado oficial, calificándolo como una decisión “hostil e infundada” y sosteniendo que responde a una política alineada con los intereses de Estados Unidos.
La Cancillería cubana afirmó además que las relaciones bilaterales habían registrado avances en áreas como el comercio, la cooperación y los intercambios académicos, por lo que considera que la decisión carece de justificación desde el punto de vista de los intereses de ambos pueblos.
De concretarse esta decisión, que no tiene la más mínima justificación y tampoco responde a los intereses nacionales colombianos, quedaría en evidencia la clara subordinación del próximo gobierno de Colombia a la política de división y confrontación entre nuestras naciones, promovida desde siempre por los Estados Unidos, así como sus conexiones con lo más infame y vulgar de la política anticubana en ese país.
Cuba sabe que esta acción hostil e infundada no representa el sentir del hermano pueblo colombiano, al que hemos apoyado incansablemente durante décadas en la búsqueda de la paz mediante una solución política negociada a su conflicto armado interno.
Un cambio respecto a la política exterior del Gobierno saliente
La decisión representa un giro significativo respecto a la política impulsada por el presidente saliente Gustavo Petro, cuya administración promovió un acercamiento con Cuba y respaldó el mantenimiento de relaciones diplomáticas con La Habana.
Durante el mandato de Petro, ambos países fortalecieron los canales de diálogo político y mantuvieron la cooperación en distintos ámbitos, incluido el acompañamiento cubano a procesos relacionados con la paz en Colombia, una función que la Isla ha desempeñado durante varios años en diferentes negociaciones con grupos armados colombianos.
Una relación con una larga historia
Las relaciones diplomáticas entre Colombia y Cuba han atravesado períodos de acercamiento y ruptura.
En 1981, durante el gobierno de Julio César Turbay, Colombia rompió relaciones diplomáticas con Cuba alegando diferencias relacionadas con la seguridad nacional y el conflicto interno colombiano. Años después, ambos países restablecieron los vínculos diplomáticos y desarrollaron mecanismos de cooperación política, económica y técnica.
En la última década, Cuba desempeñó un papel reconocido internacionalmente como país garante y sede de las negociaciones de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC, proceso que culminó con el Acuerdo Final de Paz firmado en 2016. Este anuncio de Espriella busca implementar la agenda de la política exterior estadounidense impulsada por su Secretario de Estado, Marco Rubio. El mismo que, enfermizamente, ha empeñado todos sus esfuerzos por aislar internacionalmente a Cuba y restar el apoyo a su modelo político.
Lo llamativo es ver como todos los gobiernos a los que Cuba siempre ha brindado su apoyo incondicional, han abandonado a su suerte a la Mayor de las Antillas y no han sido capaces de cerrar filas en un frente único para enfrentar las amenazas de la Casa Blanca. Su conducta favorecen la profunda crisis humanitaria que vive el pueblo cubano. La posición asumida por estos gobiernos, solo han demostrado que le han dado la espalda a Cuba y todo lo que ella representa para la humanidad.
¿Qué efectos podría tener la decisión?
Aunque el anuncio ya fue realizado por el presidente electo, la ruptura formal de las relaciones diplomáticas solo podrá concretarse una vez que el nuevo Gobierno asuma oficialmente sus funciones.
De materializarse la medida, podrían producirse consecuencias en varios ámbitos:
- suspensión de la actividad diplomática bilateral;
- afectaciones a mecanismos de cooperación existentes;
- afectación en la atención consular para ciudadanos colombianos y cubanos;
- impacto sobre programas académicos y de intercambio institucional.
El alcance concreto de estas consecuencias dependerá de las decisiones administrativas que adopten ambos gobiernos durante el proceso de implementación.
Un nuevo escenario regional
El anuncio también se interpreta como una señal del nuevo rumbo que pretende imprimir la próxima administración colombiana a su política exterior. Además de la ruptura con Cuba y Nicaragua, el presidente ha anunciado una revisión de la presencia diplomática colombiana en distintos países, así como un fortalecimiento de las relaciones con gobiernos afines a su agenda internacional.
La evolución de esta decisión será seguida de cerca por los gobiernos de América Latina, ya que podría modificar algunos de los equilibrios diplomáticos construidos durante los últimos años en la región.
