
La relación entre Cuba y Marco Rubio vuelve a generar ruido, tanto en La Habana como en Miami. En redes sociales, podcasts políticos y medios del sur de la Florida, el tema se mueve fuerte entre jóvenes cubanos en Estados Unidos que siguen de cerca todo lo que pasa en la Isla.
Pero la pregunta clave es directa: ¿puede Marco Rubio ser un interlocutor válido en un escenario de negociación con Cuba?
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El gobierno de Miguel Díaz-Canel mantiene una línea clara: soberanía primero. Desde La Habana se insiste en que no habrá diálogo si implica condiciones sobre elecciones, estructura política o cambios internos impuestos desde afuera.
En paralelo, la administración de Donald Trump ha mantenido una política de presión, retomando medidas duras que marcan distancia con el deshielo que se vivió durante el mandato de Barack Obama.
Ahí es donde entra el nombre de Marco Rubio.
Rubio ha sido uno de los políticos más activos en promover sanciones contra el gobierno cubano. Para muchos jóvenes cubanoamericanos, él representa firmeza frente al sistema de La Habana. Para otros, simboliza una política que no ha logrado cambios concretos y sí ha profundizado la crisis.
¿Por qué se cuestiona a Marco Rubio como negociador?
Cuando se habla de Cuba y Marco Rubio en clave de posible diálogo, surgen varias críticas:
- Ha impulsado sanciones adicionales y respaldado la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton.
- Defiende una política orientada al cambio de régimen.
- Ha reiterado que la meta es el fin del actual sistema político en Cuba.
Eso lo coloca, según muchos analistas, más como arquitecto de presión que como puente de negociación.
Desde La Habana, Rubio es visto como uno de los principales promotores de sanciones que agravan la situación económica. Aceptarlo como interlocutor sería, en términos simbólicos, negociar con quien ha defendido el endurecimiento del cerco.
Cuba y Marco Rubio en el debate del exilio
En el sur de la Florida, el tema también divide. Figuras como María Elvira Salazar han defendido que cualquier conversación con La Habana debe darse desde una posición de fuerza. Para sectores del exilio más duro, negociar no significa reformar, sino provocar una ruptura total del sistema cubano.
Sin embargo, entre jóvenes cubanos en Estados Unidos el debate es más complejo. Muchos crecieron escuchando historias del exilio histórico, pero también ven la realidad económica de familiares en la Isla. Algunos se preguntan si la estrategia de máxima presión ha generado cambios reales o si ha terminado impactando más a la población común.
Otros consideran que alguien tan identificado con la línea dura difícilmente pueda liderar un proceso de diálogo creíble ante los cubanos dentro de la Isla.
Autosuficiencia y narrativa de resistencia
Mientras tanto, el gobierno cubano insiste en su discurso de resistencia. Se han aplicado medidas como racionamiento de combustible y promoción de energías renovables, reforzando la idea de autosuficiencia.
En redes dentro y fuera de Cuba se repite una frase que resume esa visión: “el sol no lo pueden bloquear”, en referencia a la apuesta por la energía solar y la producción local. La narrativa oficial sostiene que cualquier negociación bajo presión sería una capitulación y no un acuerdo entre iguales.
El dilema real
El debate sobre Cuba y Marco Rubio no es solo político. Es generacional. Para una parte del exilio, Rubio representa coherencia ideológica. Para otros jóvenes cubanoamericanos, la pregunta es práctica: ¿esa estrategia acerca o aleja una solución?
Hoy el escenario sigue marcado por desconfianza total. La Habana no ve en Rubio una figura neutral. Sectores del exilio temen cualquier acercamiento que no implique ruptura. Por otra parte, muchos jóvenes solo quieren ver cambios reales que mejoren la vida de la gente común.
La discusión sigue abierta. Pero si algo está claro es que hablar de Cuba y Marco Rubio es hablar de dos proyectos políticos que, por ahora, no parecen estar listos para encontrarse en el mismo punto.

Conversar, intercambiar, negociar con Marco Rubio sería como invitar a comer a tu casa, al vecino que acuesta con tu mujer…..