
Los últimos meses trajeron un aluvión de declaraciones de congresistas cubanoamericanos sobre Cuba. María Elvira Salazar y Mario Díaz-Balart repiten consignas de libertad mientras proponen medidas que contradicen sus propios discursos y, en ocasiones, el derecho internacional vigente. Sus palabras suenan contundentes ante las cámaras, pero resisten poco análisis crítico.
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El Secretario de Estado, Marco Rubio afirmó recientemente que “no negociamos” con el “régimen” cubano. Sin embargo, su propio Departamento de Estado coordinó contactos directos con La Habana durante las últimas semanas. Esta contradicción básica entre el discurso público y la acción diplomática genera desconfianza entre los cubanos y estadounidenses. El Secretario asume una doble faz: públicamente rechaza cualquier diálogo, pero desde la Secretaría de Estado lo practica activamente. Esta inconsistencia daña la credibilidad del mensaje y confunde al público considerablemente.
Congresistas: Libertad con sanciones que asfixian
Los mismos congresistas que claman por la “libertad” del pueblo cubano exigen abiertamente suspender remesas y vuelos hacia la Isla. Esta postura choca frontalmente con el principio básico de no daño a civiles inocentes. Las sanciones económicas afectan directamente a las familias que estos políticos dicen representar, no al Gobierno. La lógica es clara: priorizan el castigo colectivo sobre el bienestar individual. Esta paradoja revela que el objetivo real no es ayudar al pueblo, sino presionar al Gobierno sin importar el coste humano.
¿Qué se puede esperar de personas que no logran dilucidar estos aspectos. Llevo años escuchando que la oposición cubana es un negocio y siempre me pregunto cuán ciertas serán las causas refieren defender. Estas posturas son lo más parecidas a las hitlerianas que jamás haya conocido.
Los congresistas: cambio de “régimen” vs derecho internacional
Exigir la caída de un gobierno extranjero como condición para las relaciones normales viola explícitamente el principio de no intervención de la Carta de la ONU. Además, el bloqueo económico que defienden ha recibido 32 condenas consecutivas en Naciones Unidas. Defender una política rechazada abrumadoramente por la comunidad internacional pone a estos legisladores en posición aislada y contradictoria con el multilateralismo que Washington promueve en otros escenarios.
Predicciones sin sustento
Por su parte, Ted Cruz, aseguró recientemente que Cuba caerá en seis meses. Este tipo de afirmaciones irresponsables carecen de análisis serio y demuestran desconexión con la realidad cubana. Construyen expectativas falsas en la comunidad para luego incumplirlas, generando frustración cíclica y desprestigio entre quienes confían en estos legisladores.
Las posiciones de Cruz, son tan irresponsables como las de Diaz-Balart. Sus recientes declaraciones refuerzan una postura firme hacia Cuba: el “embargo” no es definitivo, pero su eliminación dependería de cambios políticos internos en la Isla, señaló. Según su criterio, puede desaparecer en un día. Añade que medidas como la liberación de presos “políticos”, la legalización de partidos “independientes” y la celebración de elecciones “libres” serían condiciones indispensables para modificar la política de Estados Unidos.
Estas declaraciones viniendo de otra persona pudiera decir que responde a una incultura sobre el sistema legislativo estadounidense. Pero de un congresista como Diaz-Balart no. Él sabe perfectamente que ni cambiando el Gobierno en la Isla esto sucederá. No está en poder del Ejecutivo estadounidense, solo el Legislativo puede levantar tal ley que es el eje central del Bloqueo estadounidense a Cuba.
La coherencia es base del periodismo y la política seria. Estas inconsistencias entre el discurso y la práctica legislativa merecen quedar expuestas para construir un debate honesto, informado y útil sobre el verdadero futuro de la Isla.

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