
Tras la agresión militar ilegal de Estados Unidos contra Venezuela —que terminó con el secuestro violento del presidente Maduro y su esposa—, sectores extremistas de la oposición venezolana en el exilio salieron a celebrar en las calles. Poco o nada les importó que una potencia extranjera atacara su propio país, ni que al menos un centenar de personas murieran y muchas más resultaran heridas. ¿Marco Rubio?
Leer Mas: Marco Rubio y su papel en la política venezolana.Pero la euforia les duró muy poco.
El propio Trump se encargó de bajarlos de la nube. Desde Mar-a-Lago, el sábado 3 de enero, dejó claro que Venezuela quedaría bajo control de Washington y, de paso, descartó a María Corina Machado como figura clave para una transición. Según Trump, la dirigente opositora “no tiene el respaldo ni el respeto necesarios dentro del país”.
El golpe fue duro. Y aún más cuando Marco Rubio respaldó públicamente esa postura. Con ello, no solo molestó a la oposición venezolana más radical, sino que también puso en aprietos a congresistas cubanoamericanos. Ahora deben elegir entre seguir la Casa Blanca o responder a las expectativas “democráticas” de sus votantes.
La sorpresa no es menor. Durante años, los sectores opositores vieron en Rubio a su principal aliado. El actual secretario de Estado ha sido uno de los mayores promotores de sanciones económicas, presiones diplomáticas e incluso del uso de la fuerza militar contra Venezuela para forzar un cambio de gobierno.
Marco Rubio: Por eso el giro dolió tanto.
Para colmo, Trump reveló en esa misma conferencia que Rubio estaba en contacto directo con Delcy Rodríguez, vicepresidenta ejecutiva del gobierno venezolano. Según el mandatario estadounidense, ella estaría dispuesta a “hacer lo necesario para que Venezuela vuelva a ser grande”, una frase que dejó a más de uno con la boca abierta.
La Casa Blanca parece haber tomado una decisión clara: ignorar a María Corina Machado no solo porque no tiene capacidad real para asumir el poder, sino porque la consideran un factor de inestabilidad. Analistas advierten que imponer un gobierno completamente ajeno al chavismo podría provocar una guerra civil, un escenario en el que Estados Unidos no quiere verse envuelto con tropas en el terreno.
Por eso, Washington apuesta por Delcy Rodríguez como una salida “más segura” para evitar un vacío de poder y mantener la estabilidad, al menos en esta etapa. Aunque el diálogo con figuras del chavismo resulte incómodo, la administración estadounidense cree que puede presionarlos lo suficiente para garantizar sus intereses.
Y esos intereses son claros.
Más allá del discurso político, lo que está en juego es el control geopolítico de Venezuela. Estados Unidos busca asegurar influencia antes, durante y después de la llamada transición, sin necesidad de una ocupación militar directa. El objetivo es dominar recursos estratégicos: el petróleo —Venezuela tiene las mayores reservas del mundo—, los minerales del Arco Minero del Orinoco y la estabilidad del sistema del petrodólar.
Desde esa lógica, la operación militar cumplió su cometido inicial. Para Rubio, además, significa una victoria personal dentro de un gobierno donde existían fuertes críticas a cualquier intento de cambio de régimen, especialmente desde el vicepresidente J. D. Vance, quien se oponía más por cálculo político que por simpatía con el chavismo.
Marco rubio, el triunfo puede salirle caro.
Rubio tiene ambiciones presidenciales. Ya lo intentó en 2016 y ahora apunta a convertirse en candidato republicano para 2028, donde tendría como principal rival al propio J. D. Vance, visto por muchos como el heredero natural de Trump.
El problema es que la parte más peligrosa apenas comienza.
Rubio no ha hablado de restablecer rápidamente la “democracia” en Venezuela. Por su parte, figuras como María Corina y Edmundo González, han quedado completamente fuera del juego. Además, deberá enfrentar el complejo proceso de reconstrucción nacional y recuperar la confianza de legisladores estadounidenses que lo acusan de haber mentido al Congreso.
El temor en Washington es que la situación se descontrole. Un conflicto interno en Venezuela podría obligar a Estados Unidos a una ocupación militar directa para proteger sus intereses, lo que implicaría más gastos, más presión política y posibles bajas de soldados estadounidenses.
Como advierte Justin Logan, director de estudios del Instituto Cato. El problema se vuelve realmente grave cuando “el conflicto crece, se prolonga y empieza a costar demasiado”.
Si ese escenario se concreta, el costo político sería enorme para la actual administración y afectaría directamente al Partido Republicano en futuras elecciones. Y llegado ese punto, no hay dudas de a quién señalaría Trump como responsable.
A “Little Marco”.
El mismo apodo con el que se burló de Rubio en las primarias de 2016 podría marcar, esta vez, el final definitivo de su carrera política.
Fuente original: Marco Rubio da la espalda a la oposición venezolana en arriesgado acto de malabarismo político. Por Ramón Bernal.
